Huaraz (parte II)
Seguiamos fascinados con la ciudad de Monterrey, con la cabana, su chimenea y el jardin trasero, con el frio de la sierra en pleno verano limeno, con la melancolia de la lluvia huaracina, con los colores que me deslumbraban, con la gente que pasaba y nos saludaba sonriente como si nos conociera (quizas veian en nuestras caras la inocencia de un capitalino), de los banos termales justo frente a nosotros, del sonido que nos regalaba el rio Santa a solo unos cientos de metros…
Y de pronto aun con nuestras caras de tontos embelezados por nuestro rededor, la tarde empezo a caer -esa noche descubririamos como es una noche tipica, diaria, normal… en un pueblito de la Sierra peruana-.
Teniamos que apurarnos; luego de un rato no veiamos nada. La luz la cortaban a las 5 y 30 pm. Podria decir yo “de esas tardes oscuras que dan miedo, porque no ves nada” pero que dan mas cuerda a la aventura. No teniamos ni velas, ni kerosene ni lena para la chimenea, asi que decidimos que mientras los hombres ibamos por aquello, las chicas se darian un bano y ordenarian y limpiarian la cabana.
Luego de unos minutos ya andabamos caminando por una carretera angosta y solitaria; pasto y arboles en ambos lados y una que otra casita se veian de vez cuando. Caminabamos a prisa… aun lloviznaba, todo se veia oscuro a nuestro alrededor, seguimos las indicaciones de una viejecita local que nos topamos ni bien salimos de la cabana. Caminamos bastante y finalmente dimos con la estacion de gasolina, parecia abandonada (tipica estacion de gas de pelicula de terror americana….que hacia alli??? no se!!!), pero no. Una senora y su hijos atendian alli, solo con velas y una radio a pilas, un par de viejitos y una senora sin dientes nos miraron serios pero despues sonrieron cuando les dijimos que estabamos de visita. Si querias gasolina de las bombas tenias que esperar hasta manana. “Aqui la luz la cortan a las 6pm joven” nos dijeron, bueno al menos ya estabamos advertidos.
Caminando de regreso, mientras mis ocasionales companeros de trekking conversaban, yo iba pensando en el lugar, observando todo y observando nada por la oscuridad, sentia una mezcla de melancolia y curiosidad. Cuando llegamos las chicas estaban afuera de la cabana esperandonos nerviosas como siempre……su respuesta (ante nuestra mirada de tontos) fue “pensamos que les habia pasado algo”. Pusimos la madera a la chimenea y la prendimos, nos acomodamos en los sillones todos juntitos para abrigarnos. Conversamos, tomamos unas cervezas, oimos Cristina y los Subterraneos y los truenos de la tormenta. Asi nos quedamos dormidos.
Los dias siguientes fueron iguales, tristes y lluviosos pero nosotros felices de que sean asi, nos la pasabamos caminando por todos lados, tratando de no mojarnos, viendo y observando que cosa preciosa era esta ciudad, al menos en esta epoca de ano.
Una noche planeamos en irnos a pasear y conocer la vecina ciudad de Carhuaz. La manana siguiente nos levantamos temprano, nos banamos con agua helada (el agua era HELADA!) y salimos dispuestos a la aventura.
Tomamos el primer mini bus que llevaba a Carhuaz, no recuerdo cuanto duro el recorrido pero entre broma y broma y observando los lindos colores del paisaje serrano el viaje se hizo rapido y placentero.
Una de las cosas mas raras que me han pasado, estaba por suceder. Llegamos a la plaza principal y decidimos probar el pancito de la panaderia del que tanto habiamos escuchado hablar. Luego andabamos caminando y mirando los alrededores cuando de pronto un par de chicas lugarenas nos interceptaron y empezaron a preguntarnos de donde eramos y que haciamos por alli. Les dijimos que “andabamos de paseo, simplemente caminando”, y nos invitaron a tomar un “calentito” donde unos amigos que tocaban rock…no se ni por que fuimos, porque algo nos olia mal.
De pronto estabamos entrando a una especie de quinta, de dos pisos y un patio con jardin, plantas y una pileta central. Todos eran jovenes, muchos eran limenos que segun ellos vinieron de paseo y se quedaron alli. Uno de ellos vino con una botella de “calentito” asi que empezamos a beber…casi inmediatamente uno a uno nos fueron llevando hacia otros ambientes, y fuimos descubriendo que la casa estaba rodeada de floreros con claveles y flores de funeral. Pero en ese momento no les prestamos atencion.
Por todos lados salian mas y mas gente sonriendo, pero sin abrir la boca. Alguien dijo por alli que de noche “esa ropa que esta alli” -habia un baul lleno de ropa de muertos-…”la usamos para hacer nuestras fiestas”. No se como, pero Giovanni y yo, nos paramos, de alguna manera nos sacamos la locura de la cabeza (el “calentito” estaba hecho de marihuana, cosa que nos hizo viajar, y nos choco rapidisimo) y empezamos a llamar a Indira y a Mario, que vinieron rapidamente, pero a Karim no la encontrabamos…luego de un rato, la encontramos en un cuarto, con el se supone “capataz” o “Guia espiritual” o como quieran llamarlo, era el jefe de la secta y decia que solo le iba a tomar unas fotos a la senorita (senorita con inmenso poder de atraccion pectoral y que andaba vestida con un sugerente y pegadisimo “body” blanco y jeans)… Era un hombre rarisimo, pelo lacio y negro con serquillo, unos pantalones raidos y una especie de camisa o chaleco hecha de saco de papas, hablaba como poeta o actor de television. La tomamos de la mano y nos fuimos, casi nos escapamos podria decir. Llegamos a la plaza y tomamos el primer bus de regreso a Monterrey. Esa noche, con unas cervezas, cigarrillos, el calor reconfortante de la chimenea, y la musica bajita de Cristina y los Subterraneos, nos quedamos conversando acerca de aquello, de lo que habian visto los ojos de cada uno, conversando de lo que nos pudo haber pasado; tratando de descifrar que fue todo eso. Al final sonreimos y difrutamos la compania y la amistad de esa ciudad hermosa, pero a la vez llena de misterio. Nunca tomamos fotos, eso fue lo mas curioso. Ese viaje quedo grabado solo en el recuerdo de 5 amigos, que iban por siete y se quedaron quince dias.
Johnny Chang
